Con la ergonomía como escudo: La lucha por el bienestar humano del profesor Elías Apud

Pese a estar jubilado, para el profesor y exdirector del Departamento de Ergonomía de la Facultad de Ciencias Biológicas, Elías Apud, existen compromisos que no se pueden cortar de la noche a la mañana, por lo que continúa activamente ligado con otros proyectos vinculados a la docencia en la UdeC.

La primera vez que se presentó en un aula para enseñar ergonomía, fue recibido por la risa escéptica de sus estudiantes que, en principio, lo habían advertido como un compañero más de la nueva clase: vestía jeans y tenía apenas 29 años. “¿De qué se ríen?”, cuestionó ofendido. “Profesor, nos imaginábamos que iba a llegar un caballero de un metro noventa y cien kilos, con bigote y de unos sesenta años”, le contestó uno de sus alumnos, ya sin incredulidad en sus labios.

A partir de entonces, comenzó la historia de una disciplina que por aquella época era desconocida en el país y, también, una brillante carrera de 50 años dentro de la Universidad de Concepción: “Cuando llegué a la universidad no teníamos donde estar, empezamos en un pequeño laboratorio y llegamos a ser un departamento”, relata con modestia.

«Pensar que uno le puede mejorar la calidad de vida a las personas, ese ha sido mi norte siempre. Partir de cero no es fácil, pero cuando uno tiene convicciones, puede superar muchos escollos y llegar a la meta»

Elías Apud Simon

Sin embargo, el camino estuvo lleno de desafíos. Comenzó sus primeros estudios en el sector forestal, uno de los más precarios en aquella época. En su intención de mejorar las condiciones de los campamentos, fue visto por los empresarios de la industria como un agitador. Por otra parte, los obreros lo miraban con recelo creyendo que era un infiltrado de la empresa cada vez que les hablaba de mejorar la productividad.

No obstante, con el pasar del tiempo, junto con ganarse la confianza de todos los actores, consiguió sus primeros resultados: “Hicimos algunos cambios que aún perduran, como la mejoría de campamentos, de alimentación, establecimos niveles de producción razonables sin que la gente se fatigue. Es parte de la especialidad buscar un equilibrio entre bienestar humano y productividad”.

Aunque le cuesta hablar de un legado, el investigador reconoce que el prestigio obtenido se debe al concepto social del trabajo que lo impulsó todos estos años: “Me hicieron un homenaje por Zoom que me emocionó mucho, donde había una cantidad de extranjeros impresionante, de estudiantes de toda América Latina que nos reconocen como un referente en la región. El modelo de la Universidad de Concepción ha sido replicado en todo el continente, hay sociedades de ergonomía en todo el mundo que son presididas por exestudiantes de la maestría nuestra. A nuestros alumnos extranjeros siempre los hemos recibido como parte de una familia y eso lo agradecen mucho”.

“Pensar que uno le puede mejorar la calidad de vida a las personas, ese ha sido mi norte siempre. Partir de cero no es fácil, pero cuando uno tiene convicciones, puede superar muchos escollos y llegar a la meta”, añade.

Por esta razón y porque su sentido del compromiso y vocación se mantienen tan vigentes como en su primer día de clases, el docente se mantiene activo: “Con el colega Esteban Oñate estamos dirigiendo un curso que nos pidió el Ministerio de Relaciones Exteriores, que es para toda América Latina, se llama Ergonomía y productividad en la nueva normalidad”.