La importancia de las vacunas en la salud de la ciudadanía

El éxito de las vacunas es excepcional, ya que con ellas se ha logrado erradicar muchas enfermedades y otras, como en el caso de la tuberculosis, contribuyeron a disminuir al mínimo los casos. No hay dudas sobre su seguridad y efectividad, pero sí un desconocimiento de su historia y cómo la ciencia ha avanzado en esta materia. Tal vez esto es lo que influye en que a la fecha parte de la ciudadanía dude de una herramienta que vela por la erradicación y el control de las enfermedades. Es más, si bien Chile, a diferencia de otros países, reporta una buena tasa de vacunación, el rechazo a la vacunación constituye una de las diez mayores amenazas a la salud pública identificadas por la Organización Mundial de la Salud.

La primera vacuna, desarrollada por el doctor británico Edward Jenner, fue contra la viruela en 1796. Con esta herramienta se logró erradicar dicha enfermedad en 1980, cuando —a la fecha— la viruela había acabado con la vida de a lo menos 300 millones de personas en el mundo.

Posteriormente, Luis Pasteur en 1885 desarrolló la vacuna contra la rabia. Adentrándonos en el siglo veinte, en 1921 se desarrolló la vacuna antituberculosa, exitosa en disminuir drásticamente el número de casos de la enfermedad. Otro caso emblemático es el de la vacuna contra la poliomielitis, desarrollada en 1960, que erradicó la enfermedad. En 1971 estuvo disponible la vacuna triple contra el sarampión, paperas o parotiditis y rubeola. En 1977 se dispuso de la vacuna contra el neumococo que produce neumonía. En 2006 fue el turno de la vacuna contra el papiloma humano, agente viral causante del cáncer cérvico uterino. Finalmente, tenemos las vacunas desarrolladas contra el SARS-CoV-2, virus causante de la pandemia actual.

Es importante señalar que existen tres generaciones de vacunas que se han ido desarrollando en el tiempo. Estas son:  

  1. Vacunas de primera generación, representadas en una primera instancia por las vacunas con el agente infeccioso vivo, pero atenuado. Algunos ejemplos son: sarampión, viruela, parotiditis, rubeola, varicela, tuberculosis. Estas vacunas están contraindicadas en pacientes inmunodeprimidos y durante el embarazo, por la infección que podrían causar en el feto. De igual forma, dentro de esta generación de vacunas se encuentran aquellas con microorganismos muertos o inactivados por completo, como es el caso del virus de la influenza y la poliomielitis.
  2. Vacunas de segunda generación, las cuales contienen partes o subunidades de los microorganismos que los unen a péptidos o proteínas para inducir una respuesta inmune más potente. Ejemplos de estas son la vacuna Hib (Haemophilus influenza tipo B), la vacuna de estreptococo —causante de neumonía—, la vacuna de neisseria meningitidis y la vacuna contra la tifoidea.
  3. Vacunas de tercera generación, desarrolladas a partir de la mitad de la década de los 90. Están representadas por las vacunas que contienen los ácidos desoxirribonucleicos (ADN) o ribonucleico (ARN). Estas vacunas son desarrolladas in vitro en el laboratorio, fabricando las secuencias del genoma del agente infeccioso. Este proceso es importante para desarrollar inmunidad, por lo tanto son muy específicas.

En el caso de las vacunas desarrolladas contra el coronavirus, que están siendo utilizadas en nuestro país, podemos decir lo siguiente:

La vacuna SINOVAC (China) —que genera entre un 51 a 70% de inmunidad después de la segunda dosis— es de primera generación. Es decir, cuenta con el virus completo, pero muerto. Pfizer (USA y Alemania) —que genera un 95% de inmunidad con la segunda dosis— corresponde a una vacuna de tipo ARN mensajero (mARN) por lo que se trata de una vacuna de tercera generación.

Del punto de vista molecular la vacuna SINOVAC genera anticuerpos contra un número mayor de antígenos o partes del virus, ya que se inocula el virus completo pero muerto. En tanto que la Pfizer genera anticuerpos más específicos, dirigidos contra regiones del spike o punta del virus, que es la parte que se adhiere para penetrar a las células.

Finalmente, podemos definir a los virus como parásitos estrictos intracelulares, es decir, que requieren de la maquinaria celular para reproducirse, ya que son incapaces de reproducirse por sí solos al no poseer las estructuras que tienen nuestras células. Son los virus, por lo tanto, microorganismos muy elementales que se encuentran en el límite entre lo vivo y lo inanimado. Y es importante que la ciudadanía conozca y entienda su funcionamiento para tomar una decisión responsable en esta lucha contra la pandemia que nos aqueja globalmente.

Dr. Egon R. Casanova Martinez

(M.D.)Medicina Interna –Hematología

Profesor Asistente

Departamento de Fisiopatología

Facultad de Ciencias Biológicas

Universidad de Concepción