[EL SUR] Científicos de la UdeC estudian efecto del alcohol en el cerebro

Desde los laboratorios de la Universidad de Concepción, el equipo investigativo liderado por el doctor Luis Aguayo, neurocientífico, está desarrollando un proyecto con un tremendo potencial de impacto no sólo para la Región y el país, sino también para el mundo.

La razón es que el estudio «Mecanismos para la potenciación de receptores de glicina por etanol» llevado a cabo por los científicos, proporciona luces para entender porqué el cerebro humano se hace adicto al alcohol, pues según precisa Aguayo, quien es académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la citada casa de estudios, encontraron que el alcohol interactúa con los receptores de glicina, una proteína presente en la membrana de algunas neuronas involucradas con la regulación de la excitabilidad cerebral y que se ubican en lo que se conoce como «región de recompensa cerebral», que se activa cada vez que un individuo experimenta una sensación positiva o placer.

Así, tal como sucede al beber agua cuando se siente sed, comer o tener relaciones sexuales, al consumir alcohol, de la mano de su efecto inhibitorio, se produce placer, lo que conlleva que al experimentar este alivio y entusiasmo generado por la sustancia, muchos sujetos tengan consumo crónico y generen adicción.

FINANCIAMIENTO CON PRESTIGIO National Institute for Health

Con este descubrimiento y con la certeza de que es la llave que puede abrir la puerta para llegar a generar estrategias que contribuyan a combatir un problema de alcance universal como es el alcoholismo, decidieron postular su estudio a un proyecto de financiamiento por parte del prestigioso National Institute for Health (Instituto Nacional de Salud) de Estados Unidos NIH. Fue un año de espera para que los investigadores, mientras dos comités de esta entidad evaluaban, llegando al consenso que era de suma relevancia y adjudicaron los fondos recientemente.

El doctor Aguayo comenta que la investigación tiene una duración de cinco años, pero cuenta con un background de estudios y hallazgos relacionados con el alcohol, pues además se trata del tercer proyecto del neurocientífico penquista financiado por el NIH, entidad con la que inició su vínculo hace más de dos décadas, cuando luego de haber estado entrenándose por 12 años en Estados Unidos, volvió a Chile para continuar con una investigación, también ligada al etanol, pero en fases más básicas, dice.

He ahí también su interés en seguir profundizando el conocimiento sobre el consumo crónico de alcohol, motivado por su pasión por conocer el funcionamiento del cerebro y por contribuir en el abordaje de un problema médico-social latente y que afecta a millones de personas en el mundo.

Las cifras avalan que la alerta esté encendida. De hecho, Chile no sólo es campeón en la Copa América, sino también de las copas llenas y con cerca de 9,3 litros de alcohol puro consumido al año por persona mayor de 15 años, se posiciona como la nación que más bebe en la región latinoamericana, según la Organización Mundial de la Salud. Por otra parte, datos del Instituto Nacional de Estudios de Alcohol en Estados Unidos, indican que cerca de 90.000 personas mueren cada año a causa del consumo excesivo de alcohol, número más alto de muertes totalmente prevenibles.

MODIFICAR PARA PROTEGER

«Si conocemos cómo actúa el alcohol a nivel cerebral, podemos interferir e inhibir el efecto, de tal forma que podríamos controlar cómo produce efectos adictivos que son tan complejos», afirma.

En ese sentido, comenta que estudiaron un animal experimental con una mutación en los receptores de glicina, el que frente al consumo de alcohol, apunta, «es más resistente y no se le produce el efecto inhibitorio, no se intoxica o se intoxica mucho menos. Interesantemente, la gente que consume más alcohol, es la que se intoxica menos, son más resistentes y eso los hace más propensos a hacerse alcohólicos, porque están bajo una suerte de protección y por ello siguen consumiendo. Distinto a quienes son más sensibles al etanol, quienes experimentan malestar», explica.

-Creemos que hay una predisposición genética bajo la premisa de que la diferencia de la estructura del receptor de glicina, debido a una mutación, impacta sobre la resistencia de un individuo a consumir más o menos alcohol.

En lo biológico, tenemos que saber que si un individuo es resistente al alcohol está en peligro y eso es algo que uno sabe al consumirlo y reconocer la respuesta del organismo.

-Primero, entender si es que si se protege este receptor, el individuo va a consumir una menor cantidad de alcohol. Desde el punto de vista neurobiológico, en algunos sitios el cerebro funciona bajo castigo/recompensa; queremos sacar la recompensa propia del alcohol, entendiendo cómo estos receptores juegan un papel en su consumo y de esta forma tener mejores soluciones a problemas asociados al alcoholismo. Si uno le saca el encanto a una sustancia el individuo no va a consumirla más. Entonces, si tenemos un receptor sensible a sentir placer ante el consumo de alcohol, pero modificamos la forma en que este receptor actúa cuando el individuo lo consuma y no le causa placer, no querrá consumirlo.

-Y ese es nuestro horizonte, potencialmente generar una droga que permita controlar el abuso del alcohol.