Lo que evalúan es cantidad y no calidad del trabajo, desde ahí viene nuestro concepto de productividad

Una de las enseñanzas que dejó la reducción de la jornada laboral que se implementó a partir de 2005, es que la rebaja horaria por si sola no favorece la productividad. Este es uno de los temas que abordan académicos del Departamentos de Ergonomía de la Universidad de Concepción, uno de los más prestigiosos de Latinoamérica.

Los expertos plantean algunos conceptos que deberían incorporarse para favorecer tanto la productividad, como la salud del trabajador en la discusión de los proyectos de Ley que proponen una reducción a 40 o 41 horas laborales a la semana.

La influencia en la productividad, el efecto en el empleo o el impacto en las remuneraciones, han sido algunas de las aristas derivadas de la intensa discusión que ha surgido en torno a los proyectos de Ley para reducir la jornada laboral en Chile presentados, primeramente, por la Diputada Camila Vallejos en 2017 y, más recientemente, por el Gobierno de Sebastián Piñera. Mientras que la iniciativa de la parlamentaria apunta a una disminución de 45 a 40 horas semanales, la de La Moneda plantea una reducción a 41 horas promedio, lo que abre la puerta a una mayor flexibilidad horaria.

Pero más allá de los argumentos políticos o de macroeconomía, desde la academia han surgido voces que plantean que la discusión debería centrarse en el debate técnico, incorporando estudios científicos acerca del ámbito laboral en Chile, que provean de conocimiento fundado para tomar este tipo de decisiones. Así lo plantean los investigadores del Departamento de Ergonomía de la Facultad de Ciencias Biológicas (FCB) de la UdeC, uno de los organismos más prestigiosos a nivel latinoamericano en cuanto al análisis de la adaptación del trabajo al hombre.

La docente de este Departamento y doctora en Ergonomía del Conservatoire Nationale Des Arts et Métiers (CNAM) de París; Fabiola Maureira, comenta respecto a las propuestas de reducción a la jornada laboral que “el gran desafío es que todos los profesionales con competencias en el ámbito del diseño del trabajo y de la salud ocupacional, podamos colaborar en la comprensión del trabajo de forma integral, de tal forma que resguarde las capacidades y límites físicos, cognitivos y socioemocionales de las personas”.Según explica Fabiola Maureira “en otros países, los ergónomos forman parte de distintas áreas de la organización, trabajando no sólo en departamentos de salud ocupacional en un rol asistencial, sino que en áreas de I + D donde participan en proyectos de innovación para el desarrollo de entornos de trabajo saludables y productivos”.

Añadió que “en estos lugares, coincide que las jornadas de trabajo alcanzan las 35 o 40 horas de trabajo, pero para llegar a estas configuraciones organizacionales, se requiere inversión para rediseñar con un enfoque centrado en las personas”.Sobre el debate en torno a la modificación de las horas trabajadas, indicó que “la conversación pareciera estar al revés. Se parte de algo macro, cuando se debe solucionar lo micro para llegar a una ecuación saludable, no es solamente la reducción de la jornada laboral para lograr que el país sea más productivo”.Argumento compartido por el académico de la FCB y doctor en Ergonomía de la Massey University de Nueva Zelanda, Felipe Meyer, quien plantea que “debemos tener la posibilidad de discutir técnicamente qué hacemos en el trabajo y, a partir de eso, buscar los ajustes para lograr equilibrios que sean productivos que permitan a la gente tener una buena calidad de vida”.

Productividad en el debateUno de los principales argumentos que apoyan la reducción horaria es que una jornada laboral más corta podría aumentar la productividad. Sin embargo, la experiencia chilena de 2005 -cuando comenzó a implementarse la reducción de 48 a 45 horas semanales- demostró que esta relación no es, necesariamente, vinculante. Según datos proporcionados por la Comisión Nacional de Productividad, el quinquenio siguiente a la implementación de la medida registró una reducción de la productividad de un -0.5%, tendencia que continuó entre 2010 y 2015 (con un -0.3%) y sólo logró repuntar en 2018 (1.3%), único año, desde entonces, en el que se ha registrado un aumento del rendimiento laboral.En tanto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) posiciona a Chile como el quinto país menos productivo de sus miembros y el sexto con jornadas de trabajo más largas, superado sólo por países como México o Costa Rica.La fallida relación entre reducción de la jornada y rendimiento laboral, según los investigadores, sería consecuencia de la ausencia de elementos importantes dentro de la planificación del trabajo. “Desde el punto de vista ergonómico, en el ámbito que analices hay un déficit de un estudio profundo del diseño del trabajo. Muchas veces las personas hacen los esfuerzos para rendir, pero carecen de las herramientas necesarias que tienen que existir en su entorno de trabajo, desde ambiente físico organizacional, formación, gestión e incluso de alimentación o vestuario que no están bien asegurados, fiscalizados o controlados”, aseguró Fabiola Maureira.

La investigadora aseveró que “las organizaciones deberían hacerse cargo tanto de la mantención, como del desarrollo de las personas, es decir, invertir en una serie de procesos internos de entrenamiento, de provisión de herramientas, máquinas, o materiales; de actualización de tecnologías, entre otros, pero no siempre lo hacen por considerarlos costos, cuando en realidad son reales motores de inversión”.Agregó que “es por ello que los trabajadores, pese a dar lo mejor de sí para cumplir en el trabajo, puede que no rindan al final del día, no por falta de voluntad o desidia, sino porque tuvieron que redoblar esfuerzos, asumir riesgos o ingeniárselas para intentar solucionar problemas, por falta de elementos o colaboradores para hacer su trabajo; entonces, la realidad es que el sistema de trabajo está mal diseñado”En este sentido, Felipe Meyer plantea que un análisis ergonómico exige “primero, evaluar la capacidad física e intelectual de una persona, sobre eso estudiamos cuál es la demanda de esa tarea, en qué ambiente tengo que producirlo y después cómo se organizan el trabajo y la gente para llegar al máximo potencial de productividad posible”.

Sin embargo, esta realidad en Chile es poco frecuente “hoy la gente produce bajo un concepto de autorregulación, que implica quedarse hasta más tarde o hacer el trabajo a medias, porque lo que evalúan es cantidad y no calidad del trabajo. Desde ahí viene nuestro concepto de productividad”.

Además, puntualizó en que “a veces sólo se requiere redistribución de tareas entre personas y eso va a permitir más tiempo libre para uno y más producción”.Realidades diversasSegún datos de la última Encuesta Laboral (Encla 2014), un 83,3% de los trabajadores en Chile tienen una jornada ordinaria de 45 horas semanales. Pese a ser minoritario, también existen otros sectores productivos importantes –como la minería- que utilizan sistemas de jornadas bisemanales, parciales o la establecida en el artículo 27 del Código del Trabajo, aplicable solo a hoteles, restaurantes o clubes.Esta heterogeneidad del mercado del trabajo es un concepto que, a juicio de los investigadores, también debería integrarse en la discusión sobre una reducción en la jornada. Por ello, plantean que debería realizarse un estudio segmentado por sector productivo para aplicar medidas de flexibilización o reducción horaria en base a requerimientos más específicos que, de lo contrario, podrían ser perjudiciales.Ante esta realidad, Fabiola Maureira comentó que “la flexibilidad es un tema interesante, pero no sólo vista sobre cómo negociamos una forma de trabajar con los empleadores, sino que incorporándola dentro de un análisis de segmentos o rubros de trabajo”.

Detalló que “primero es necesario comprender la naturaleza de éste, así como los factores tanto del trabajo y su contexto, como así también otros propios de la persona, los cuales pueden actuar como factores protectores o debilitadores de un buen rendimiento, seguridad o salud integral. Este conocimiento, desde un punto de vista de diseño ergonómico, permitiría estudiar la mejor fórmula para cada tipo de sector”.

En tanto, el doctor Felipe Meyer comentó que el análisis segmentado “habría que hacerlo en las áreas donde más se produce, por ejemplo, forestal, industrial y comercio; y sectores que son mucho más chicos, pero que son muy importantes, como las Pymes”.“Hay rubros que ameritarían trabajar más horas por día, pensando en concentrar las horas totales de la semana en menos jornadas; pero siempre compensando después con mayor nivel de descanso. Sin embargo, hay otros rubros donde se debería limitar la cantidad de horas diarias, ya que se sabe que la productividad pasada las 8 horas comienza a disminuir. Todo lo anterior se debe basar en estudios técnicos con equipos multidisciplinarios”, aseveró el investigador.

En este sentido, agregó que “la flexibilidad sería un tremendo aporte, pero también evitar que los trabajadores pierdan capacidad de negociación, porque si no se crea una relación desbalanceada. La discusión debe centrarse en aspectos técnicos para fortalecer la capacidad de negociación de los trabajadores”.Respecto a las consecuencias en el empleo que podría acarrear la reducción de la jornada, la doctora Maureira planteó que “las personas podrían tratar de compensar lo que necesitan para tener un nivel de vida determinado a través del trabajo en otro sistema informal.

Tenemos que asegurarnos que después de la jornada la persona tenga ese tiempo efectivamente para hacer uso de actividades que puedan tributar un beneficio para su persona”En este sentido, Felipe Meyer propuso que “es una discusión bastante compleja que requiere, por un lado, que existan salarios acordes a cada trabajo y, en la medida que esto se concrete, será innecesario requerir optar a otros trabajos. También se podrían establecer un máximo de horas trabajadas para regular un segundo empleo”.

¿Te ha gustado este artículo?

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Linkdin
Compartir en WhatsApp
Ir al contenido